jueves, 9 de febrero de 2012

Todo nuevo.

Observaba el cristal de mis ventanas, salpicadas por las frágiles gotas que caían sobre ella.
También observaba la lista de libros que leer, y las maletas y cajas que habían que empacarse.
Tenía las hojas de mi nuevo colegio en mis manos, las instrucciones, las clases, los horarios.
Mis padres me anunciaban que me apure, que ya era tarde, que ya teníamos que salir.
También mi reflejo en el espejo me anunciaba que habían gotas en mis ojos, gotas que habían nacido desde el corazón, miré a mi alrededor y no había nadie que enjugase mis lágrimas.
Tiré mis hojas, las del colegio, encendí la radio y empecé a descargar mi corazón, todo de él, en llanto, en un profundo y doloroso llanto.
Odio todos los cambios, los odio, pero de alguna manera será para bien, voy a salir de mi tradición y voy a intentar que esto me haga feliz, tanto como para agradecer este drástico cambio en mi vida.

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