El fuego de tus palabras me consumen el interior,
me queman hasta el último grado en mis entrañas
me deja inconsciente el humo, y mis cabellos se achicharran.
Ahora sólo me vuelvo cenizas ante tus palabras, el viento me corrompe,
me descompone, me hace trizas y me vuelvo polvo,
en unos instantes me vuelvo nada en la atmósfera, la gente me traga al hablar,
me traga junto al aire, estoy en la laringe de algún desconocido quizás,
y al expirar seguro vuelvo a volar;
Así que mejor la próxima vez, te pido que te calles, y no dejo que pronuncies una sola palabra.
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