Me gustó aquella mañana, fue tranquilita.
Conmovedora, el Sol vino a espiar en mi ventana,
tan cálido, tan inmenso, tan radiante,
y al instante me pareció increíble que en algunas mañanas
me haya irritado por que don Sol me despertó con sus rayos entrometidos en mi habitación..
a veces no quiero verlo salir, cierro las cortinas antes de dormir, el Sol es tan bonito y yo en mis mañanas amargadas lo privo por completo el espiarme...
No hay comentarios:
Publicar un comentario